Viernes, 12 Septiembre 2014 08:28

Comunicación el perro flaco.

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Cuando se repasa la historia de los últimos gobiernos y el actual pareciera enrumbarse por igual camino, la comunicación pareciera el perro flaco al que se le pegan las pulgas de la baja en la popularidad de los gobernantes.
Ahora que se habla de la “Casa de Cristal” para signar la transparencia predicada en la gestión, rápidamente se empaña por el vaho de quienes dicen hablarle al oído de los gobernantes para susurrarle loas y acallar el bullicio de la verdad que no transciende los cercados, por mucho que se mutilen los árboles.

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El acto de comunicar supone una buena dosis de humildad del vocero de turno, quien puede tener las destrezas intelectuales y técnicas para el cargo, pero desconoce los vericuetos de la prensa para ser asertivo en el lenguaje.
El deber y el derecho a informar son dos caras de la moneda, un funcionario no puede ni debe escapar con evasivas o por la puerta del fondo, para un jerarca el silencio no es opción, el periodista completará su nota, bien consignando el mutis de quien tiene el imperativo de dar la cara o lo más lesivo a su imagen, simplemente lo ignora o como decía un veterano periodista, “lo manda al cementerio de los quemados”.
Luis Guillermo Solís, tiene a su lado a avezados asesores curtidos con la tinta y las luces de importantes medios de comunicación social, no hace falta nadie que promueva su imagen como una dulzona bebida, está a tiempo de escucharlos, pero deberá hacerlo con la humildad que pregonó durante la contienda, a veces sentirá el ácido del señalamiento, pero será mejor que la melosa adulación, que más temprano que tarde, lo consumirá en el hormiguero de la impopularidad.
Algo similar deben hacer los jerarcas de ministerios e instituciones autónomas que tienen profesionales de experiencia en la relación con los medios de comunicación social, la mayoría no llegó por su filiación política, sino por un bien ganado concurso o por un nombramiento fruto de su trayectoria, la desconfianza no es buena consejera cuando de acompañarse se trata.

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