Miércoles, 05 Octubre 2016 05:56

Discriminación y Violencia Doméstica

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El periodista Sergio Castro, de Radio Nacional SINART, denunció que sus superiores le prohibieron hablar del maltrato que sufren algunos hombres en Costa Rica.Siendo un medio de comunicación estatal: ¿es esto correcto?

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En el 2012 el Poder Judicial registró un total de 50.000 denuncias por agresión intrafamiliar, de las cuales 11.000 víctimas fueron hombres.
Lo que más preocupa a los expertos que atienden este tipo de situaciones, es que la violencia contra el hombre es cada vez más severa pero tristemente las autoridades no hacen nada al respecto.
La lógica nos indica, con fundamento en el artículo 33 de la Constitución Política cuyo texto dice: "Toda persona es igual ante la ley y no podrá practicarse discriminación alguna contraria a la dignidad humana", que esos hombres agredidos, tienen derecho a la misma protección que se da a las mujeres agredidas. ¿Cuál sería el fundamento para discriminar en razón del sexo? Ninguno. Tanto el hombre como la mujer tienen igual dignidad.
Pareciera que las autoridades del SINART han caído en el error de creer en el mito falso de que, en situaciones de violencia intrafamiliar, el agresor siempre es el hombre.
En violencia doméstica, la parte agresora puede ser cualquiera. Como los hombres y mujeres somos diferentes, tenemos diferentes formas de manifestar la violencia. El agresor hombre, al ser más directo y tener (la mayoría de las veces) más fuerza física, suele manifestarlo con golpes o gritos; la agresora mujer, al ser (la mayoría de las veces) más incisiva y sutil, suele manifestar su ira con el maltrato psicológico y moral.
Aunque por supuesto, como todos los seres humanos somos diferentes, también podemos encontrar casos donde la mujer manifiesta su violencia con golpes o gritos y el hombre con maltrato psicológico y/o moral.
La posición del estado costarricense debería ser la de prevenir la violencia, sin importar el sexo de la víctima, esto es: castigar a las personas agresoras; combatir las causas reales del aumento general de la violencia como lo es la falta de valoración y respeto,tanto a la dignidad del hombre como de la mujer, mejorar la educación, impedir la promoción de la violencia en los medios de comunicación y otras soluciones similares.
Que el estado discrimine, creyendo que solo los hombres son agresores y solo las mujeres son las víctimas, no ayuda. El estado debe promover políticas públicas para ayudar a la familia ser lo que tiene que ser: ámbito de paz, no de violencia.

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